martes, 12 de julio de 2011

Castigo Eterno.

Sol y Luna siempre quise escribir algo sobre estos dos astros y este relato fue lo que me quedó:

Castigo eterno:

   --¿Quiénes son los acusados?
         Doña Catalina Luna, Don Lorenzo Sol.
   --¿Quiénes los acusan? 
          Dos almas heridas.
   --¿De qué se les acusa?
          Traición.
    --¿Quién dicta sentencia?
           El populacho implacable.
    --¿Quién ejecuta la sentencia?
           La bruja Tierra.
     --¿Quién deja constancia en pergamino?
           Su amante Apodado: El Mar.
      Comenzaré por describir a la que sin ningún lugar a dudas era la mujer más hermosa que alguien podría nunca poner en la faz de la tierra.
    Era una mujer de ojos azules oscuros cual dos zafiros preciosos, cabellos rubios platinos de larga extensión, un cuerpo perfectamente formado además de una piel blanca igual que las perlas más hermosas.
    Ella se encontraba casada con un hombre que la amaba más que a su vida misma, y la colmaba de hermosos vestidos que la hacían verse como un ángel celestial. A lo que había que añadir las más extrañas y lujosas joyas que podía localizar.
    Pero a pesar de todo ello y de lo mucho que la amaba también era muy celoso de ella, pues cuando se posee la belleza celestial se tiene que tener mil ojos. Más que nada porque tu temor por perder lo que ya posees es muy grande, demasiado para poder controlarlo, y más a un hombre como con el que estaba casada.
    Sin ningún lugar a dudas la amaba como a nadie en este mundo pudo nunca llegar a amar, pero ella a él tal vez creyó en su momento que así era que era el ideal y el mejor de los candidatos, al menos hasta que llegó el fatídico día de la fiesta de compromiso de la hermana de su marido.
    Ella como siempre vestía uno de los vestidos que su marido le había regalado, hacía perfecto juego con sus hermosos ojos y con su pelo plateado aunque este lo llevaba recogido en un perfecto moño adornado con una pequeña guirnalda de perlas blancas.
   Sus ojos a pesar de que debían de mostrar una absoluta alegría no era así, pues aunque amaba y era amada había algo que fallaba y no era capaz a describir de qué se trataba.
    Como era de esperarse, la hermana de su marido era una mujer también de por más hermosa: de cabellos rojo fuego y ojos marrones era un poco más joven que ella tal vez uno o dos años, quien podría decirlo en una época en que la edad de la mujer se tornaba en tabú por miedo a las réplicas de la sociedad. Quien sabía cuál sería su edad exacta, solo aquellas que eran muy favorecías las decían sin reparos y con todo el descaro para dejar en claro que eran muy afortunadas pues su aspecto no correspondía para nada con su edad.
    Pero eso a ella no le importaba y a la hora de mi relato a trasmitir tampoco es muy importante, y mucho menos relevante. Así pues pasaremos al momento en que el padre de su marido entró a la sala de baile llevando a sus espaldas al joven galán que nos lleva a esta sala del tribunal:
    Un joven de ojos color oro llenos de fuego que mostraban su deseo de aventuras, su gran afán por el peligro, y sobre todo un brillo que a ella le llamó la atención en cuanto lo vio. Sus cabellos iban recogidos con un lazo y eran castaños intermedios, era un chico fuerte y que al parecer no le gustaba estar quieto y mucho menos el seguir ordenes, pues a pesar de que debería de ser un día feliz para él no lo parecía.
   Su ceño estaba fruncido y sus ojos no reflejaban alegría alguna, el padre de su marido comenzó a presentar al joven galán a todos los presentes:
    --Es un placer para mí presentarles al que se convertirá en mi nuevo hijo Don Lorenzo Sol, es uno de los personajes más ricos de su país y ha aceptado contraer matrimonio con mi adorada Elhiza. -y sin más señaló a su hija la cual al contrario que el que sería su amante irradiaba felicidad por todos los poros de su rostro.
    Su camino de presentaciones y su afán de que se le conociera lo llevó a cometer la peor de las locuras existentes, caminar hasta llegar al lado de su hijo mayor y su mujer:
    --O querido hijo déjame que te presente a tú futuro hermano menor. -sin más comenzó con la presentación del joven que no miraba nada entusiasmado a los que tenía enfrente pues no parecía para nada interesado en conocer al que sería su hermano político y la mujer del mismo.
    Sin mucho esfuerzo por parte de ambos se estrecharon las manos y ni cruzaron la mirada.
    --Y aquí está la hija política que cualquier persona desearía poseer, y la mujer que todo hombre sin lugar a  dudas desea. Te presento a Doña Catalina Luna la mujer de mi adorado hijo. -el joven no tomo mucha importancia a dicha mujer, pues para su criterio vista una vistas todas y aunque no estaba para nada convencido de ese enlace era más que evidente que no había marcha para atrás.
    La mujer extendió su mano para que el chico la besara en forma de respeto como debería ser y tal como correspondía este no dudo en llevar acabo el protocolo agarró con delicadeza la mano de la muchacha y la acercó a sus labios. Levantó un poco la vista para fijarla en la chica como forma de saludo y ese instante fue cuando ambos firmaron que estarían en esta sala de juicios sin pensarlo.
     Ni siquiera posó sus labios en la mano de la joven tan solo recibió de él un pequeño apretón y una gran sorpresa en sus ojos, acompañado de una curiosidad demasiado grande.
    Tras ese intercambio el joven decidió ahora si mirar al marido de la joven y al que sería su hermano político, gesto que el marido interpretó como libre desafío del muchacho descarado.
    Sin dudar si quiera el marido de Catalina la abrazó de la cintura y la acercó a él como dejando claro su posición y la de ella. Sin más hizo a la joven girar y la beso con posesión y deseo.
    Beso que la joven respondió sin dudar después de todo se trataba de su marido. Como era de suponer y esperar la hermana pequeña lista y espabilada como era, caminó con forma decidida y descaró hacía el joven espectador del beso y sin pensar en reputación ni nada que no tuviese que ver con que ese hombre era de ella pasó al lado de la otra pareja que ya se separaba y sin dudar un segundo y al ver la risa divertida de su futuro amante lo beso con celos y un fuego arrebatado demostrándole a ese hombre que ella poseía mucho y que podía dar mucho más.
     Pillado por sorpresa pero sin duda satisfecho él también decidió marcar territorio y beso a la chica pelirroja que se le ofrecía sin más dilación después de todo era hermosa, parecía ser decidida y aventurera no se dejaba llevar por las habladurías y no parecía dispuesta a perder.
     Poseía sin duda cosas que a él le gustaban y llamaban, es decir una joven que podría llegar a amar sin mucho esfuerzo, sería por eso que decidió a raíz de ese beso que se casaría con ella sin chistar.
     Los meses a esa cena pasaron volando al menos para dos de las cuatro personas protagonistas de esta historia, pues para las otras dos no fue tan piadoso el tiempo.
    Dos de ellos creían estar llenos de felicidad irradiaban por cada poro de su piel alegría absoluta y de la que nadie dudaba.
   Por otra parte nuestro querido galán no lo pasaba tan bien, un hombre de aventuras y peligros no podía vivir bien en una jaula por muy de oro que esta fuera.
    Es por eso que una noche igual a la de su compromiso en festividad, decidió llevar acabo (a pesar de querer pero no amar que resulta siempre diferente a su mujer) un pequeño acercamiento a la que de una forma u otra formaba parte de su familia.
    Doña Catalina se encontraba cerca de una de las ventanas mientras que su esposo había ido a arreglar ciertas cosas sobre negocios de los que a ella no se le informaban con algunos de sus socios. Una pequeña falta que le costaría cara a su querido esposo pues no llegaría a tiempo de impedir lo que esa noche provocaría más adelante.
    Don Lorenzo con una copa de un líquido espeso al parecer recién descubierto, pero realmente exquisito y que podía llevar a la locura al más cuerdo se acercó a la bella muchacha:
    --¿Qué podría ofrecer yo a cambio de esos pensamientos? -preguntó mientras ponía a la vista de la chica la copa con el rosado líquido.
    Ésta en cierto punto escandalizada pues una joven respetable no debía beber eso, y mucho menos alguien debía de ofrecérselo lo miró indignada.
    --¿Qué os hace pensar si quiera que yo querría dárselos? -y se dedicó a mirar más allá de la ventana añorando quizás una pequeña libertad, pues su esposo celoso de ella como era la tenía en cierta forma confinada a la vista de los demás.
    --¿Añoráis acaso mi señora la libertad robada? -dijo este mirando ahora hacía donde ella miraba y llevando su copa a sus labios. La joven sorprendida por sus palabras lo miró llevando su vista a la copa y los labios del chico para después apartar la vista sin contestar a la pregunta:
    --Veo que no queréis hablar con quién tal vez sea el único que pueda entenderla, pero os diré que tal vez también os pueda enseñar una pequeña libertad. Arriesgada sí, pero libertad al fin y al cabo. -sin decir más pero mirándola directamente a los ojos dejando brillar su mirada intensamente a los ojos de Catalina, y sonriendo traviesamente dejó la copa con un poco de su contenido rosado justo detrás de una de las cortinas y en el alfeizar de la ventana.
    Se alejó de la chica sin volver a mirarla más en la noche, por lo cual no se percató en ese momento de que la joven con no muchas reservas movía delicadamente la copa entre sus dedos buscando con acierto el punto justo en que los labios de él habían sido posados y con cuidado de no ser descubierta vertió por ese mismo lugar el poco líquido rosado que en la copa se encontraba cerrando los ojos y deseando dejarse llevar a esa prometida libertad.
    Segundos después depositó de nuevo la copa en el lugar dejado por él, escondida por el blanco cortinaje, para instantes después ser sorprendida por su marido, que no se percató del destello que los ojos zafiro desprendían en ese momento al contemplar al marido de su hermana política.
    La cual cogía a su marido con fuerza y hacía bailar al son de la música entre risas de ambos, pudiendo notar ella que la risa de él no era absolutamente real.
    Podía ver cariño en su mirar pero no amor, no el amor que veía en los ojos de su marido al mirarla a ella o en los ojos de Elhiza al mirarlo a él.
    La fiesta esa noche terminó sin más y no sería hasta el día siguiente que Don Lorenzo caminaría por la sala de baile ya completamente limpia de la festividad de la noche anterior, que habiendo llegado a la ventana en que recordaba haber hablado con Doña Catalina, descubriría la copa dada la vuelta con un pequeño rastro rosado en uno de los lados y vacía por completo.
    Tras mirar si había posibilidad de que el contenido hubiera sido derramado y descubrir que no había sido así sonrió, pensando que tal vez la ventana se empezaba a abrir.
    Sería ese el primer día que Elhiza Sol comenzaría a sospechar que algo no andaba bien con su amado, pues ese día hasta sus ojos sonreían.

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    Por otra parte Don Mariano Luna no sospechaba que la dicha en los ojos de su mujer no se debía a su alocada noche de pasión y llena de deseo que habían tenido y mucho menos sospecharía que esa noche se debía a que los pensamientos de su amada estaban puestos en otro hombre.
    Es por eso que no encontró inconveniente alguno a que su amada ese día decidiera ir a cabalgar con su hermana política al bosque y decidiese dejarla libre sin pensar en peligros ni nada por el estilo.
    Decidida y segura de su decisión Doña Catalina vistió su traje de montar y cabalgó hasta la casa de Elhiza.    Su cabalgar cada vez era más y más desesperado deseosa de llegar a su destino pero para nada dispuesta a reconocer que se trataba de otra razón la que la llevaba a desear llegar a ese lugar cuanto antes mejor.
    Y mucho menos admitir que su desilusión al llegar al lugar no se debía a que Don Lorenzo como socio de Don Mariano había tenido que asistir también a esa reunión.
    Pasó todo el día con Elhiza y ambas comentaron cosas de sus respectivos maridos, ese sería el error de        Doña Elhiza, contar a su querida cuñada la felicidad de su marido tras la fiesta de la noche anterior, y a su vez contar las maravillas que dicho hombre podría llevar a cabo en distintas situaciones, haciendo soñar a Cataliza y desear en cierto modo eso mismo, sin sospechar que Don Lorenzo deseaba también hacérselo a ella.
    Cuando Don Lorenzo llegó a casa, la alegría que sus ojos reflejaban en la mañana había desaparecido, reemplazada por cierto enfado, debido a los comentarios de su hermano político sobre la salvaje noche pasada con su hermosa mujer. Sin fijarse nada en quien se encontraba en su casa de visita ni en que podía traer lo que hacía, caminó hacía su mujer con furia contenida, y la apresó contra la pared sin prestar la más mínima atención a su invitada.
    La beso con desesperación y sin dudar y tal vez para hacer ver a su invitada la realidad de a quien pertenecía ese hombre Elhiza no abrió la boca sobre la presencia de Catalina, y respondió sin reparos a sus besos ansiosos y a su deseo contenido.
    Catalina asombrada por el comportamiento del hombre, pero a su vez enfadada según ella por su desfachatez se levantó de donde se encontraba y dejó caer su taza de té al suelo rompiéndose en mil pedazos.
    Los amantes sorprendidos por el ruido se separaron uno perdido, la otra sonriente al ver la cara de Doña Catalina llena de disgusto y sonrosada.
Imagen que su amante vio segundos después para quedarse encandilado por esos ojos zafiro fijos en él llenos de enfado, trasmitiendo disgusto y en cierto modo celos, haciendo que los ojos de Don Lorenzo recuperasen cierto tono de felicidad, no muy duradero al ver como Catalina abandonaba su casa dispuesta quizás a no volver jamás.
    Pero el destino es caprichoso, y en cierto modo cruel, este podría haber sido el final de esta historia y ninguno habría salido mal parado más el padre deseaba tener a toda la familia unida y al enterarse de que ambos hermanos no se habían visto en varios meses sin un motivo justificado por nadie decidió que había llegado la hora de intervenir. Pues no podía permitir que lo que le había costado con tanto trabajo conseguir se fuera a la quiebra por dos hermanos peleados.
     El reencuentro fue algo inesperado ninguno estaba enterado de que los otros se encontrarían en la misma casa, el padre había dado órdenes ya que sabía que si alguno se enteraba de que el otro estaría presente no aparecían en la fiesta.
    Cual no fue la sorpresa del hombre ya entrado en años cuando sus hijos al verse se abrazaron con entusiasmo y alegría y se preguntaron mutuamente por sus respectivas vidas.
    Este extrañado decidió observar durante toda la noche de la celebración para así poder determinar si fingían en su presencia o era tal vez otro el motivo que los llevaba a actuar de esa forma.
    Sin siquiera sospechar que todo eso se debía a las dos personas que se encontraban al lado de sus respectivos hijo e hija, los cueles no sonreían pero no apartaban uno los ojos del otro.
     Enfado era sobre todo lo que se distinguía en la mirada oro y zafiro, no obstante debajo había algo más que estaba camuflado por el odio.
    La cena transcurrió tranquila como siempre pero la hora del baile llegó, y seguida de unos cuantos bailes con otras personas, ambos se encontraron en la pista de baile y más por apariencia que por otra razón bailaron la pieza que les correspondía bailar.
    Sus manos se entrelazaron y sus ojos se vieron directamente, palabras no dichas y sin pronunciar pugnaban por salir sin embargo no era lugar ni momento para ello, por lo que siguieron en silencio, reteniendo, y conteniéndose cosa que no es buena en ciertas condiciones.
    Y que como era de esperar no lo fue en esta ocasión, es por ello que cuando el bailo terminó Doña Catalina decidió abandonar la pista de baile, con cuidado y sin ser visto por nadie Don Lorenzo decidió seguirla decidido a hablar, y terminar de una vez por todas con la situación que estaban viviendo que no era para nada beneficiosa para sus respectivas parejas, y aunque como ya dije antes no amaba a Elhiza si le procesaba un tremendo cariño más eso a veces no es suficiente para considerar no hacer daño y sufrir a esa persona si el sentimiento a comparar es el amor.
    Don Lorenzo hizo también su trabajo de no ser visto al seguir a Doña Catalina que su suegro creyéndola sola decidió seguirla pues no era buena idea que Catalina caminara sola por los establos que era a donde se dirigía. Pues semejante belleza de la chica podría ser peligrosa.
    Don Lorenzo sin ser sabedor de que el padre de su mujer le seguía los pasos alcanzó a Doña Catalina en los establos y le habló:
     --¿Es consciente de que no podemos seguir así?
     --¿Es usted consciente de que no tengo nada que decirle? -le dijo esta sin más y sin mirarlo a los ojos.    
     --No fue eso lo que me pareció allí dentro. -dijo este replicándole.
    --Tal vez entendió mal.
    --¿Al igual que con la copa vacía? -dijo este ahora si acercándose más a Catalina.
    --No sé de qué me habla caballero. -dijo intentando apartarse de él y poniéndose nerviosa en cierto modo al recordar su atrevimiento de buscar el lugar exacto de esa copa.
    --O sí que lo sabe señorita y no la dejaré escabullirse de este momento, llegó el momento de aclarar las cosas. Elhiza no se merece esto.
    --Le repito que no tenemos nada que aclarar. -y ahora si se volvió a mirarlo y los zafiros eran fríos muy fríos, al parecer deseosos de no mostrar nada a su interlocutor.
    --¿Por qué bebió el contenido de la copa entonces?, estaba clara la invitación, pero usted…. -dijo este entre confundido y furioso.
    --¿Yo?, yo nada, fue usted el que entro echo todo un semental para montar a su querida yegua. -dijo esta despectivamente y segundos después se arrepintió.
    --¿Mi querida yegua? -dijo el joven entre dientes enfadado por la comparación para segundos después cogerla de los brazos y apretarla contra él: --Fue usted quien se entregó a Don Mariano Luna como si la vida le fuera en ello esa misma noche. Nunca olvidaré su forma de describirla, mientras lo desvestía con ansia y…-se calló seguro de no poder seguir hablando en bajo y sin estar dispuesto a que todo el mundo se enterara de lo que estaba pasando allí.
     --Es mi marido ¿que esperaba que hiciera? -dijo ella entre dientes enfadada:
    --Es mi mujer, ¿qué esperaba usted? -dijo ahora él recordando ese otro punto.
   Ambos se observaron un momento entre confundidos y tremendamente desesperados.
    --Esto es imposible no podemos seguir así. -susurró éste intentando tal vez que si no lo decía en alto no se cumpliría.
    --No hay nada que seguir. -susurró ella en cierto modo desilusionada.
    --Y eso es lo peor, ¿si no hemos hecho nada porque me siento tan culpable y miserable?- dijo este ahora derrotado.
    --Tal vez porque lo deseamos demasiado. -susurro ella ahora, y ambos se miraron devuelta tras esas palabras, y lo inevitable, lo que habían intentado hacer pero sin llevar nunca al final, ocurrió.
    Sus corazones se llamaron a través de sus ojos, y su cerebro dejó de funcionar, oro y zafiro se fundieron en uno, consiguiendo que inevitablemente sus labios siguieran el mismo camino.
    Ambos sin poder evitarlo debido a que sus cuerpos parecían destinados a ello se entregaron el uno al otro.
   Se olvidaron de las dos personas que los amaban por encima de todo, traicionaron los corazones y sentimientos de esas dos personas, para no traicionarse a sí mismos.
    Sin pensar en nada más que en lo que ambos deseaban y amaban culminaron su unión llevando su amor al grado de convertirlo en un delito.
   Llevando el odio y el dolor a dos corazones que solo habían sabido amar, y estar ciegos, por miedo a perder.
   Ambos sin ser conscientes de que unos ojos negros furiosos y llenos de enfado comprendiendo al fin muchas cosas, y tremendamente herido sabiendo lo que esto significaba para sus dos hijos queridos se dejaron llevar hasta el final a sabiendas de que para ambos sería la única vez que se tendrían el uno al otro.    Porque aunque no era amor lo que sentían por esas personas no podían herirlos de esa forma nunca más.
     Estaban dispuestos a renunciar a su amor, por no herir a las personas que tanto habían dado por ellas, no obstante la venganza de un padre herido es algo que no se esperaban ellos dos al llegar a la sala de baile y encontrarse con sus respectivos amantes llenos de rencor y dolor.
    Ambos esa misma mañana fueron llevados a la plaza mayor, donde el populacho los avasalló y les tiró todo tipo de verduras.
     Donde se les humillo de mil formas diferentes.
    Desde el palco de una de las posadas de la plaza mayor los que acusaban veían a los acusados con odio, heridos y enfadados, todo eso camuflaba y hacía que el amor que sentían estuviera ciego. Que la ira y el dolor dominaran sus acciones, llevando a ambos a no ver más que a dos traidores y no a sus dos seres amados. Cosa que seguramente después lamentarían por el resto de sus vidas.
     El populacho tan frío y calculador, tan lleno de ver el sufrimiento en otros en lugar de en ellos mismos. Tan ansioso de ver a otros pagar no dudaron en la sentencia a dictar.
    Traición.
    Máximo castigo a realizar.
    El peor de los castigos por traición, excusas nada más para poder divertirse y desahogarse en cierto modo su propio dolor.
    Es en ese momento que mi amada La bruja Tierra entra en acción. Es en ese momento en que se decide la sentencia en el que ella ha de llevarla a cabo.
    Mira a ambos acusados y siente cierta pena por ambos, pues en sus ojos no hay dudas, son culpables, y se lamentan por ello. Se odian a sí mismos por ser culpables de enamorarse, por ser culpables de amarse hasta el punto de no poder controlarse, y tal vez es porque ambos en el momento en que se da la sentencia la aceptan y ambos al mismo tiempo miran a sus respectivos acusadores y no los miran con reproche ni con odio.
   No los miran con deseos malos ni con ansías de venganza, sino que los observan con culpabilidad y con cariño. Los contemplan con ansias de perdón y deseando que ambos conozcan un nuevo amor, que los sepa valorar por lo que creo que ella La bruja Tierra decidió que en su castigo eterno tendrían una pequeña recompensa.
     Levantó su báculo y con estas palabras habló:
      --Vosotros pecadores, y traidores. Vosotros merecéis el castigo eterno que yo os impondré. Es por eso y que aquí delante de vuestros acusadores, del pueblo que dicto esta sentencia, de vosotros que no negáis los hechos yo os maldigo a no poder amaros libremente nunca. A estar condenados a estar cerca y a la vez lejos.
    Es por eso que a partir de hoy, mi querido cielo tendrá compañía, tú Doña Catalina Luna, a partir de ahora formarás parte del firmamento, serás compañera de penas de la noche y las estrellas, condenada a ver a todo el mundo y no poder amar nunca más a nadie ni poder tocar a tu ser amado nunca más.
    Esta es tú condena.
   Y Tú Don Lorenzo Sol serás condenado a acompañar al cielo las doce horas restantes que no se encuentre ella ni las estrellas. Serás condenado a ver a todos vivir sus vidas disfrutarlas llenas de aventuras y movilidad.   Mientras que tú nunca podrás disfrutar de eso, además de nunca más poder acercarte a nadie ni amar a nadie.
    Ambos acusados escucharon su castigo y se miraron.
   Sus ojos se encontraron una vez más y la bruja Tierra tuvo que apartar la mirada yo sabía el motivo de esto, pues ambos se trasmitían el amor que se sentían el uno por el otro, y sin más ella dijo el hechizo que hizo que el cuerpo de ambos comenzara a desaparecer. Unos segundos antes de desaparecer por completo ambos consiguieron rozarse una milésima de segundo, haciendo que ella perdiera un momento de concentración y así consiguiendo algo de tiempo para despedirse.
   Más a pesar de que ya nunca más estarían juntos ambos amantes decidieron ese segundo entregárselo a las personas que habían herido que en ese momento no supieron apreciar esa despedida de ellos.
   Mí querida bruja Tierra, tan amble y como siempre decidió entregarles unos segundos diarios para ambos.
   Nunca podrían tocarse, nunca más podrían estar juntos, nunca jamás podrían entregarse uno al otro, no obstante unos segundos al día podrían verse a los ojos una vez más y así reafirmar diariamente lo mucho que se amaban.
   Y cada día su segundo se incrementaría, según se iba acercando el verano, para cuando volviera el invierno volver a menguar el tiempo de estar juntos.
   Es por eso que la Luna y el Sol muy pocas veces están a la vez en el cielo y cuando están, están en lugares completamente opuestos. Debido a la sentencia y a su castigo eterno solo pueden verse un corto periodo de tiempo pero nunca, nunca tocarse el uno al otro.
   Aunque a mí me gusta pensar que mi querida Bruja Tierra les quiso regalar algunos momentos íntimos cada cierta cantidad de tiempo para poder soportar ese castigo eterno.
   Y es cuando hay algún eclipse de Sol o de Luna, que ambos pueden al fin tocarse y rogar por que llegué pronto el próximo encuentro después de todo lo único que hicieron fue amar.
   Por muy caprichoso que sea el destino y todo lo demás el amor es un sentimiento imposible de controlar, no te enamoras de quien tú quieres por desgracia, y una vez te has enamorada de alguien es casi imposible olvidar a esa persona por mucho que te lo propongas. Es por eso que a veces el amor es lo peor que te puede pasar, más también y nadie puede discutirlo es algo que puede darle sentido a todo lo demás.
    ¿Quién puede culpar a la Luna y el Sol por dejarse llevar?, ¿Acaso deberían de haberse contenido?
    ¿Alguien alguna vez ha sido capaz de llevar semejante cosa a la práctica?
     Bueno esa es la historia de Doña Catalina Luna y Don Lorenzo Sol, espero que no sean juzgados por todos como culpables, y que algunos piensen como mi querida Bruja Tierra y tengan cierta piedad de ellos, pues amar no siempre es fácil y ellos ya están pagando con su:
                                                                      Castigo Eterno.
Fin.

Superando el miedo.

Superando el miedo:



Miré todo a mi alrededor deseando poder explicar que era lo que me estaba pasando, después de todo lo único que recordaba eran tus ojos marrones mirándome fijamente.
No era capaz a recordar mucho más de lo que había pasado, me incorporé y descubrí que todo a mi alrededor era de un color blanco que podía llegar a cegar a todo el que se quedará mirando mucho tiempo.
Sabía que me encontraba encima de algo, pues estaba completamente tumbada. Así que me decidí a levantarme e incorporarme completamente.
Poco a poco me fui acostumbrando a lo que había a mí alrededor y al ir caminando me encontré con que había una puerta igual de blanca que todo lo demás y a la vez si te fijabas bien, igual de distinta.
Sentí que esa puerta me llamaba, que reclamaba toda mi atención, y sin poder evitarlo caminé hacía ella intrigada y con un montón de dudas, ¿dónde estaba?, ¿por qué sentía que no era aquí donde debería de estar?
Caminé con decisión hacía ella, pues nunca me había gustado dejarme llevar por las dudas y la indecisión, prefería siempre afrontar las cosas de frente y sin vacilar y que fuese lo que fuese lo que me esperaba al final de ese camino que había comenzado a recorrer lo aceptaría sin más. Pues yo lo había elegido y no debía de arrepentirme de haberlo hecho.
Llegué hasta esa puerta y alargué mi mano hacía el pomo que al igual que lo demás era blanco y se camuflaba muy bien con todo, estiré mi mano hacía este y lo agarré sin más. Intenté tirar de él para abrir la puerta pero al parecer no era así como se abría porque esta ni siquiera se movió así que probé a girar el pomo, y de repente sentí un fuerte dolor en mi cabeza.
Tuve que cerrar los ojos con rapidez, pues el dolor fue realmente intenso, y una sonrisa acompañaba ahora a esos ojos marrones que recordaba.
A pesar de que los recordaba no era capaz a saber a quién pertenecían y eso me hacía sentir un fuerte dolor más no en la cabeza sino en el corazón.
Quise llorar de impotencia sin saber bien el motivo. No obstante preferí esperar y aclarar un poco mi mente ya que me resultaba absurdo abandonarme al llanto sin saber a qué se debía.
La puerta al fin se abrió por completo y pude encontrarme en un gran jardín lleno de flores de diversos colores, y de una cantidad enorme de animales.
Me fijé que no todo en ese lugar era hermoso y es que si mirabas en la lejanía podías ver que el cielo azul y despejado se encontraba cubierto por innumerables nubes negras y por una cantidad tremenda de rayos y relámpagos.
Todo era oscuridad una demasiado grande y aterradora, y he de confesar que a mí era una de las cosas que más miedo me daban.
Caminé por ese hermoso paisaje intentando por todos los medios no mirar a lo que me asustaba, intentando ignorar ese lugar a pesar de que me estaba llamando con insistencia. Sin embargo siempre había sido muy buena a la hora de resistirme a lo que no conocía y a lo que me daba miedo. Si de algo estaba orgullosa era de que siempre había sabido controlar mi curiosidad y sobre todo mis miedos.
Me centré en buscar todo lo que me gustaba de ese lugar y en fijarme solamente en lo que me rodeaba, después de todo este era realmente hermoso y sobre todo atrayente.
Intenté cerrarme en él, y dejarme llevar, más había algo que me lo impedía, algo que no me dejaba, y era la otra parte de ese hermoso lugar.
--¿Acaso no podrás resistirte esta vez? -una voz que estaba de por más segura que nunca había escuchado se hizo presente. Me giré para buscar al propietario de esa voz pues estaba segura de que se trataba de un chico.
Me encontré con un joven de unos dieciséis años de edad, de cabellos castaños y ojos marrones idénticos a los que recordaba y una sonrisa igual a la que había visto hacía unos momentos. Aun cuando era igual, era diferente, no sabía en qué sentido, pero había algo diferente en esa sonrisa.
--¿Quién eres? -pregunté sin poder identificar a ese joven.
--Me llamo Adrián y deberías de acordarte de mí después de todo siempre hemos sido amigos. -me dijo sonriendo de nuevo y caminando hacia mí.
Su forma de caminar para alcanzarme me hizo quedarme mirando hacia él como perdida e hipnotizada por sus movimientos.
--¿Te conozco? -pregunté en un susurro, este se detuvo y me miró entre sorprendido y ofendido.
--¿Cómo demonios te has podido olvidar de mí? -me preguntó con cierto tono de enfado en su voz.
Negué en toda respuesta a su pregunta pues no estaba muy segura de que era pero algo me advertía que no lo conocía, que no era quien decía ser, que sin duda había algo en él que no estaba bien, que sí que lo conocía más no a él realmente y si eso era así.
¿Entonces, a quien conocía yo?
Intenté ignorarlo por no estar segura de lo que estaba pasando ahí, y me fijé otra vez en el hermoso paisaje de mi alrededor.
Algo en ese lugar llamó mi atención se trataba de una especie de fuente en mitad de ese hermoso jardín, a pesar de ser hermosa, y de desear con todas mis fuerzas acercarme a ella y beber de su agua para quitarme la sed algo me decía que no era buena idea hacerlo, pero a pesar de eso caminé hasta la fuente para poder contemplarla desde más cerca y así intentar olvidar a Adrián.
Que ahora caminaba a mi par.
El chico no cesaba de hablar, y hablar, intentando llamar mi atención, pero no lo conseguía pues era como si toda yo quisiera ignorar su existencia, a pesar de que si lo hacía sabía que me quedaría sola.
Y eso también me asustaba.
La oscuridad y la soledad eran dos cosas que me aterraban mucho, sería por eso por lo que a pesar de hacer que lo ignoraba no lo hacía del todo y escuchaba palabras sueltas de él y le ponía el mínimo de atención por miedo a que desapareciera del lugar.
Llegamos donde la fuente y decidí sentarme en el borde y contemplar el agua que me mostraba el reflejo de una joven de cabellos castaños y un poco ondulados por los hombros, unos ojos marrones oscuros que a pesar de que tenían cierto brillo no parecían irradiar felicidad, unos labios finos pero sin rastro de sonrisa en ellos, y una cara redondeada pero fina.
No parecía tener más de dieciséis o diecisiete años, y lo cierto es que aunque me parecía conocida no era capaz de identificarla del todo.
Estaba tan sumida en esa imagen que me asusté cuando una copa con un líquido transparente apareció en mi campo de visión.
Levanté la vista asustada y me encontré con la sonrisa de Adrián era él el que me ofrecía esa copa con ese líquido transparente.
--Bebe estoy seguro de que estas sedienta.
A pesar de que sabía que no era la mejor idea, cogí la copa entre mis manos y con ciertas dudas la lleve hacía mis labios.

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Agarré con fuerza mis cabellos castaños, y cortos, y tiré de ellos con desesperación, ¿por qué había pasado todo esto?, ¿por qué no fui capaz de ver el peligro antes?
Si hubiera frenado a tiempo tal vez esto no estaría pasando.
Me encontraba enfrente de una puerta verde que tan solo tenía dos ventanitas redondas a una altura que no me dejaban ver nada, y después de llevar más de media hora aquí fuera desesperado intentando ver algo me había dejado caer al suelo. Tenía mi cabeza entre las rodillas y mis manos como ya dije antes arrancando hasta el último de mis cabellos castaños.
De mis ojos marrones no habían dejado de salir lágrimas y más lágrimas, y estaba seguro de que nunca pararían de salir si quien saliera por esas puertas me daba la noticia que más miedo me daba recibir.
-ADRIAN.- La voz era inconfundible hasta su típico alcance al vocear. Era mi madre la que corría en mi dirección y gritaba mi nombre con cierta desesperación pero con alivio impreso en su voz.
Cuando llegó a mí, se dejó caer sin mucho cuidado a mi lado y me abrazó con fuerza, cosa que yo no quería que hiciera:
--Gracias al cielo que estas bien, y no te pasó nada, no sé qué habría hecho si…. No quiero ni pensarlo. -seguía murmurando palabras en voz baja mientras me daba besos en la cabeza, supe enseguida que mi padre también había llegado por que sentí sus pasos más tranquilos llegar hasta nosotros.
--Menos mal. -lo escuché murmurar a nuestro lado y sentí su mano en mi cabeza mientras me revolvía un poco el pelo. No pude evitar llorar más aun, ahora que ellos estaban aquí me sentía peor aún.
Sentirlos tan cerca y saber que ella podía estar tan lejos ahora.
--NO, NO, POPR FAVOR NO.- Su voz me llegó como un puñal y me separé de mi madre con rapidez, y sin saber cómo ni con que fuerzas me levanté del suelo donde me encontraba sentado.
Una mujer de cabellos castaños largos, mal peinada de ojos azules que no se parecían a los de su hija, de figura más alta, y delgada, se encontraba hablando con un hombre mayor de cabellos canosos que negaba con algo de tristeza reflejada en sus ojos. Al parecer le estaban informando de la situación en que se encontraba su hija en esos momentos.
Sus ojos no tardaron en encontrarse con los míos y sentí que me derrumbaba en ese mismo lugar, pues su azul el cual solo había visto una vez lleno de vida a pesar de todo lo que yo sabía que había tenido que pasar, ahora brillaban llenos de miedo y desesperación. Aunque al clavarlos en mí cambió a un odio increíble de describir, y sabía que me lo merecía. Maldita sea si nunca la hubiera persuadido para que montara en la moto conmigo.
No pude actuar a tiempo o tal vez no quise hacerlo porque sabía que me merecía lo que pasó, ella caminó hasta mí. No escuchaba lo que me decía, tan solo podía ver su dolor, su sufrimiento, y tan solo sentí sus golpes una cachetada en mi cara, que seguramente estaría roja durante algunos días y varios puñetazos de desesperación en mi pecho.
--Te odio, te odio, no quiero volver a verte a su lado nunca. -su voz me llegaba lejana, y ya no sentía sus golpes, y menos cuando mi padre la cogió entre sus brazos para intentar tranquilizarla mientras mi madre me cogía a mí para alejarme de ella.
--Lo siento, de verdad que lo siento. -pude murmurar y no estuve seguro de que ella me escuchara, pero yo si escuchaba su llanto.
Y a mi padre intentando tranquilizarla y a mi madre intentando decirme que no era mi culpa que no le hiciera caso.
Más yo sabía que sí que era mi culpa que ella estaba así por mi culpa, ¿Cómo era posible que yendo los dos solo ella saliera herida?
Sentí de repente que me pesaba todo, que mi cuerpo ya no podría soportar más, y poco a poco me dejé caer al suelo mi madre cayó conmigo preguntándome sin duda que tenía.
No obstante no le conteste, no sabía que decirle ni cómo explicarle que de un momento a otro sentía que algo se separaba de mí poco a poco, que algo se estaba desprendiendo de mí con cuidado y disimuladamente, que parecía querer quitarme algo que me pertenecía con tanta sutileza que no me estaba ni percatando de ello.
Me agarré el pecho al sentir un fuerte dolor, ¿qué me pasaba exactamente?
Sin saber el motivo miré a la puerta verde con desesperación sabiendo quien exactamente se encontraba ahí, de mis ojos comenzaron a desprenderse lágrimas, a pesar de que mi mente se negaba a pensar en lo que estaba diciéndome mi interior.
Negué con fuerza intentando dejar de pensar en que lo que estaba sintiendo se debía sin duda a que ella se estaba alejando de mí poco a poco. Me levanté y sin pensar en nada más que en ella empujé a mi madre que intentaba retenerme a su lado, y corrí a la puerta de la que me había alejado sin saber el motivo.
--No, no puedes, no puedes irte. -susurré mientras caminaba hacia la puerta con miedo a lo que podría escuchar detrás de esta.
Por otro lado a mis espaldas mis padres y la madre de ella me miraban con ciertas dudas:
--¿Adrián? -escuché que mi madre me llamaba y ya caminaba hacia mí, pero yo hice como si no la hubiese escuchado intentando ignorar todo a mi alrededor menos lo que estaba sintiendo en ese momento.
Posé ambas manos en la puerta con miedo uno demasiado grande e imposible seguramente de ocultar, y con cuidado llevé mi cabeza hasta esta. Sabía que posiblemente esto me dolería como nada nunca me había dolido, más algo me decía que debía de escuchar, así que posé mi oreja derecha y escuche a través de la puerta.
No se escuchaba gran cosa, y estaba seguro de que no podría escuchar nada. Hasta que sin saber muy bien de donde, comencé a escuchar una de esas máquinas que te suelen poner en las series de televisión para el corazón, y sentí que el mío mismo se detenía para poder escuchar esa máquina.
De pronto mi corazón comenzó a escucharse de nuevo al mismo ritmo que el de la máquina, era un palpito lento pero constante, sentí cierto alivio por unos segundos, pero también un inmenso miedo.
¿Si escuchaba esa dichosa máquina y sabía que su corazón latía, por qué tenía tanto miedo?
De pronto recordé lo que ella siempre me decía que no debía dejarme llevar por el miedo, que no debía de rendirme y sonreí de medio lado. Ella siempre era positiva y yo debía de serlo en esos momentos porque ella me necesitaba.
Cerré los ojos he intenté imaginármela y su sonrisa me inundó por completo, sus ojos marrones llenos de optimismo, llenos de alegría y sinceridad.
Sonreí tristemente al recordar su estado antes de desmayarse en mis manos, recordaba que lo último que había visto eran sus ojos perdiendo ese brillo, y sentí una punzada.
Abrí los ojos con rapidez pues de repente los sonidos de la máquina habían comenzado a variar y ya no eran igual ni de lentos ni de rítmicos. Dejé de respirar mientras ponía más atención al pitido de esta, y sentí que todo dejaba de tener sentido al escuchar un solo pitido distante pero seguido sin ningún rastro de interferencia.
Un pitido continuo y desesperante que me hacía sentir que todo dejaba de tener sentido para mí.
Deseé con todas mis fuerzas que mi propio corazón dejara de latir sin embargo eso no era posible, no podía ser y me derrumbé. Caí al suelo mientras que de mis ojos se desprendían un sin fin de lágrimas y de mi garganta salía un grito de desesperación y una sola palabra cargada de odio, amor y todo el dolor que tenía dentro:
--ANA. -mi grito alertó a mis padres y a su propia madre, que escuché como comenzaba a negar con desesperación y como mi madre corría hacía mí. Más no la quería cerca, no deseaba sus besos y palabras de consuelo solo la quería a ella. Grité una y otra vez su nombre mientras golpeaba la puerta verde con odio por separarme de ella en esos momentos.

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Solté la copa cuando el líquido transparente rozaba mis labios, y esta calló al suelo haciéndose mil pedazos y derramando su contenido en la verde hierva que allí se encontraba.
Me levanté de donde me encontraba sentada y miré a mí alrededor pues al sentir el frío líquido en mis labios una imagen me había atravesado la mente. Una mujer de ojos azulados llenos de lágrimas lloraba con desesperación.
--¿Qué ha sido eso? -pregunté llena de dudas, y miré a donde la copa se había caído, y me encontré con que todo el verde se había perdido al menos en esa zona. No sabía el motivo de eso pero de todas formas me alejé de allí.
--¿El qué? -me preguntó Adrián sin entender.
--Esa voz. -dije en un susurro sin estar muy segura de si debía o no hacerle saber que había escuchado la voz de alguien gritar un nombre con suma desesperación.
--Yo no he escuchado nada. -escuché que este decía.
Pero yo ya no lo escuchaba a él pues a pesar de que su voz no me era conocida la de la persona que había gritado hacía unos instantes sí que me era familiar. Me giré y mis ojos se encontraron con ese oscuro cielo y ese negro territorio.
 A pesar del miedo que ese lugar me inspiraba sabía que venía de allí esa voz que había escuchado. Tragué saliva al darme cuenta de que por primera vez iba a tener que enfrentarme a lo que más miedo me daba si quería seguir o encontrar el lugar de donde provenía esa voz.
Comencé a caminar hacía ese lugar lleno de oscuridad, tenía miedo uno demasiado grande, pero una vez dado el primer paso ya no había marcha atrás para mí. Nunca había retrocedido y no empezaría a hacerlo ahora además de que me llamaba y algo me decía que ese era el camino correcto.
--¿Qué haces a dónde vas? -me preguntó Adrián con miedo en sus ojos.
--Debo ir allí.
--No, estás loca, eso es lo que más miedo te da, siempre ha sido así.
Lo miré sorprendida de que él supiera eso.
--¿Cómo lo sabes?
--Ya te lo he dicho te conozco de siempre, somos amigos desde pequeños. -me dijo con desesperación.
--Lo sé. -dije al mirarle a los ojos, a pesar de que algo me decía que era verdad, otra parte de mí me advertía de que había algo de mentira ahí.
--No vayas, sé que no es buena idea, eso no será bueno para ti. -me dijo este más no dejé de caminar hacía ese lugar con decisión.
--Ana escúchame. -me dijo este con insistencia y caminando detrás de mí: --sé que no es buena idea. Acabarás en un rincón llena de miedo y yo no podré ayudarte.
--Sé que me conoces y si es así debes de saber que una vez he decidido algo nada me hace cambiar de idea. -le digo sin mirarlo:
--Puede que sea hora de que comiences a recapacitar sobre esa cuestión. -me dijo este con cierto tono de reproche.
Yo me detuve ya en los límites del jardín y tras suspirar y respirar profundamente me gire a mirarlo, y con una sonrisa en mi rostro le dije:
--¿Y no sería mejor comenzar a enfrentar mis miedos? -y di el paso que me hizo encontrarme en la absoluta oscuridad. Escuché una vez más la voz de Adrián llamarme y supe que aquí él no podía seguirme.
Estaba sola y en una total oscuridad. El miedo comenzó a hacer mella en mí, y no pude evitarlo comencé a sentir un poco de frío y sin pensar en el camino ni en nada comencé a correr hacía ningún lugar en especial.
A pesar de que el miedo me cegaba cada vez más sentía que este lugar era mi lugar, que este sitio era el correcto. Que si seguía lo encontraría, que si continuaba sin retroceder tendría mi recompensa.
Corriendo sin cesar llegué a una cueva, y sin pensarlo me adentré en ella.
Al parecer fue lo mejor que pude haber hecho pues al final de esta vi que había una luz, y una alegría inmensa me embargó.
Comencé a correr con más ganas, y sonreí abiertamente llena de esperanza y alegría. A cada paso que daba, imágenes y más imágenes se adentraban en mi mente, no obstante ahora no me provocaban dolor sino que por el contrario me llenaban de alegría y me hacían desear cada vez más el llegar a rozar esa intensa luz al final del túnel.
Una de las imágenes que me golpeó con mayor intensidad que las otras fue la imagen de la mujer de ojos azules a la que ahora reconocí como mi madre, y lloré de alegría al saber que podría verla de nuevo pues algo me decía que sería así.
Sin embargo esa imagen fue de nuevo cambiada por otra más. Una imagen que nunca creí que provocaría lo que provocó en mí en ese momento.
Adrián me sonreía abiertamente mientras me guiñaba el ojo y me decía que no era nada peligroso que serían cinco minutos y que seguro que me gustaría.
Recordaba la moto, el casco, la velocidad, su sonrisa, su seguridad, y por último su miedo, su inmenso miedo a perderme.
Sentí que mi corazón se aceleraba al darme cuenta de algo que hasta ese momento no había notado, y era lo mucho que lo quería, y que por más que me hubiese negado a creerlo lo amaba, ¿Cómo pude estar tan ciega?
No sabía exactamente el motivo, pero ahora solo deseaba responder a su llamada de desesperación a su grito lleno de dolor. Solo quería poder responderle a su voz gritando mi nombre.
Caminé cada vez con más ansias después de todo el miedo aún seguía ahí pero por el momento solo podía desear llegar a la luz donde estaba segura me estaban esperando esas dos personas tan importantes de mi vida.
Y para las que yo estaba segura era una de sus soportes más importantes.
Llegué al final de ese túnel y la luz me envolvió por completo, cegándome y obligándome a cerrar los ojos haciendo que la oscuridad volviera de nuevo a mí.
Sentí un miedo atroz, pues después de haber estado tan cerca de ellos no quería volver a perderlos.
--Te has enfrentado a tus miedos con éxito esta es la recompensa a tus méritos. -escuché que alguien me decía, y después solo pude sentir paz.
Una gran paz infinita.

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Mi garganta ardía a más no poder, pero a pesar de eso no había desistido en mi intento de llamarla y hacerla que me escuchara.
A pesar de que sabía que estaba lejos de mí y que lo más seguro es que no pudiera escucharme, no podía dejar de gritar su nombre con todas mis fuerzas demostrándole que no estaba dispuesto a rendirme y perderla.
Me sentía un maldito imbécil, y un miserable que no podía seguir adelante si ella no estaba cerca de mí.
Había sido un cobarde todo este tiempo y nunca le había dicho lo que sentía por ella. Tal vez porque sabía que ella estaba loca por uno de mis amigos y que no tenía oportunidad, más sin embargo era yo el que se estaba desgarrando por dentro al saber que ella se marchaba sin poder hacerla volver.
Sentí más pasos detrás de mí y supe que alguien más había llegado, pero no quise saber de quien se trataba, solo me importaba ella y el vacío que me llenaba.
Qué ironía más grande.
-¿Cómo está?- escuché que preguntaban, y supe que él había venido. Me giré enfadado a pesar de ser mi mejor amigo no podía perdonarle. A pesar de que no tenía ninguna culpa de nada,  aun sabiendo que el único culpable de todo era yo. No podía evitar odiarlo porque todos los pensamientos de ella habían sido siempre de él.
Estaba tan enfadado o tan solo buscaba una forma de hacerme un daño irreversible que me levanté y quise golpearlo con todas mis fuerzas.
Él no era culpable de nada, él tan solo había venido a animarme, él tan solo venía a apoyarme en este momento, no obstante eso no me importaba en absoluto. Tan solo quería sentir dolor y sufrir, aunque más de lo que ya lo estaba haciendo seguramente nunca podría sentirlo.
Él me miró con tristeza, y tan solo sonrió con bastante amargura, y me dijo:
--Lo siento amigo, se cuánto la querías. -escucharlo hablar en pasado me enfureció más y me abalancé contra él.
--No hables así, ella no está, no, ella no. -le dije furioso y le golpeé. Mi padre no tardó en separarme de él el cual me miraba ahora con lágrimas en los ojos. Sentía lastima de mí, sentía pena por mí.
Volví a dejar caer lágrimas por mis mejillas, cuando escuché que la puerta verde que me separaba de ella se abría. Me giré y miré al médico que salía acompañado por una enfermera cuando se quitaron las mascarillas sendas sonrisas se reflejaban en sus rostros y vi la luz como si nunca antes la hubiese visto.
--Ha sido muy fuerte. La verdad es que si no hubiese luchado tanto no creo que hubiese conseguido salir con bien de esta. -dijo la enfermera y el medico al ver nuestras caras aclaro: --Hubo un momento en que su corazón se detuvo y se mantuvo así por un minuto. Sinceramente creímos que todo estaba perdido, pero después de darle un masaje cardiaco conseguimos que volviese a funcionar. El resto del tiempo se mantuvo un ritmo lento y constante hasta hace unos momentos que se detuvo de nuevo.
Más como bien dijo mi compañera al parecer es una gran luchadora porque su corazón se volvió a poner en funcionamiento un poco después, ahora se encuentra dormida, y es posible que este así un día o dos. Por precaución la mantendremos dormida, después de ese periodo la despertaremos para ver si ha sufrido algún daño cerebral o algo. Aunque las placas no mostraron nada grave en el cerebro debido a que llevaba el casco puesto.
Este siguió hablando sin cesar pero yo dejé de procesar lo que decía al ver que salía una cama en la que ella se encontraba acostada.
Me solté de mi padre y corrí hacía ella, aunque no fui el único pues como era de esperarse su madre también corrió a su lado.
Ella agarró su mano y comenzó a besarla con dulzura mientras que acariciaba sus cabellos y lloraba.
Yo por mi parte no me atreví a tocarla pues ya bastante daño le había hecho pasar.
Seguí la camilla desde una distancia prudente y vi como la metían en la U.C.I lugar al que no dejaban entrar a nadie ni siquiera a su madre.
Mi madre se acercó ahora a su madre y le ofreció ir a la cafetería. Mi padre decidió acompañarlas y yo me quedé mirando el lugar perdido en mis pensamientos hasta que sentí que alguien me acompañaba.
--Es fuerte, tranquilo en dos días estará de nuevo hablando como una loca. -no pude evitar sonreír ante su comentario:
--Lo siento. –susurré, este tan solo hizo una mueca y movió su mano despectivamente:
--No tiene importancia, además pegas como niña. -y se rió, yo no le miré no podía apartar la vista de donde ella se encontraba: --Creo que va siendo hora de que se lo digas amigo, o lo lamentaras. -me dijo este mientras me palmeaba en la espalda y escuchaba sus pasos para marcharse.
Sonreí de medio lado si tenía una nueva oportunidad, y no pensaba desaprovecharla. Pero el problema era, ¿y si ella me odiaba?
Después de todo, esto era mi culpa, y si ella después de esto no quería saber nada de mí. Tenía miedo, y no sabía qué hacer. Por ahora tan solo esperaría a que ella despertase, y estaría allí para recibir su odio o lo que fuera que me encontrase cuando ella me mirase.
Después de todo ella siempre decía que no había que retroceder, y mi primer paso en este camino había sido seguir a su lado en todo momento así que hay estaría hasta el final fuera cual fuera el resultado.
Y me enfrentaría al miedo que me embargaba.

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Abrí los ojos los cuales me ardieron al recibir la luz de golpe. Los cerré pues sentí que los parpados me dolían al igual que sentía que todo mi cuerpo me pesaba, ¿dónde estaba?, ¿qué había pasado?
Sentí una fuerte punzada en la espalda, y de repente recibí la voz de Adrián llorando en mi cabeza, gritando mi nombre y sin más lo recordé todo.
La proposición de mi amigo, el accidente, sus ojos cargados de miedo, el jardín hermoso, la oscuridad y la soledad, y ese túnel y la luz al final de este.
Sonreí con esfuerzo estaba de vuelta, había regresado.
Sentí que alguien estaba apretando mi mano, y volví a abrir los ojos ahora sabiendo lo que me encontraría al abrirlos y acostumbrada a la luz medianamente.
Los entrecerré y fijé mi vista en quien se encontraba cogiendo mi mano y me encontré con mi madre que estaba dormida. La miré con cariño y me dispuse a mirar todo lo de mí alrededor para saber dónde me encontraba aunque ya sabía que debía de estar en un hospital como mínimo.
Paseé mi mirada por el lugar al menos lo que podía abarcar desde mi posición y pude ver que había alguien más en la habitación sentado en el alfeizar de la ventana mirando a través de esta.
Pude ver como se mordía las uñas y supe que estaba asustado. Abrí la boca para llamarlo, quería ver sus ojos, quería volver a verlo, pero de mi boca no salió su nombre sino un quejido de dolor.
Este rápidamente se giró y me miró no tardó nada en estar a mi lado y agarrar mi mano con miedo y susurrar mi nombre:
--Ana. -su voz me inundó por completo y pude sonreír. El tan solo escuchar su voz me hacía saber que todo el miedo que había pasado había valido la pena:
--Adrián. -susurré pues no podía hablar más alto y él comenzó a reír y llorar a la vez:
--Gracias al cielo, al fin escucho tu voz. -me dijo y se acercó a mí y me dio un beso en la frente mientras no dejaba de llorar de alegría.
--Al fin veo tus ojos alegres. -le dije yo aun susurrando pues la última vez que los había visto parecían tremendamente apagados y asustados.
Él tan solo apoyó su frente en la mía y tras dejar caer unas nuevas lágrimas de sus ojos y sonreír de medio lado me susurro:
--Solo porque has regresado. -y sin más me beso en la mejilla.
Cerré los ojos a la vez que él sabiendo que cuando los volviese a abrir él estaría a mi lado pues sus ojos me acababan de decir que ya nunca más se separaría de mí y era algo que estaba dispuesta a cumplir.
Había enfrentado a todo solo por estar de nuevo con ellos, y no iba a dejar que nada me lo quitara.
Después de todo enfrentar lo que temes puedes traerte algo bueno.

Fin.

Bueno esta historia se me ocurrió hoy mientras pensaba en algo que no dejaba de darle vueltas últimamente, es sobre lo que dice la gente que ha estado en coma y ha regresado de este, algo de que ha visto una luz y un túnel, siempre piensan que eso es lo que hay cuando uno muere, pero sin embargo lo que yo pienso es que solo la gente que tiene la posibilidad de volver es esa que puede ver el túnel y es la que ve la luz.
Es el camino que se ven obligados a recorrer para poder regresar al lado de los que quieren, es creo yo una prueba de valor, es por esto que puse lo de enfrentarse a sus miedos en el transcurso, si eres capaz de enfrentarte a ellos, y luchar será recompensado con la posibilidad de volver, y caminar por ese túnel que te hace ir recuperando tus recuerdos según vas caminando por este, recuerdos que te han sido retirados con el fin de hacerte dudar y que no regreses.
La fuente en esta historia y el agua si ella lo hubiese bebido sería el olvido por completo, su corazón el cual se había parado ya no habría regresado a latir.
El Adrián de ese jardín hermoso era lo único que la podía persuadir de enfrentarse a esos miedos, era lo único que podía impedirla regresar, es por eso que él sentía que algo poco a poco se desprendía de él.
Bueno espero que os haya gustado este pequeño relato, en fin espero vuestra opinión sobre él, y sobre mi forma de escribir.
Nos vemos en otra ocasión buybuy y hasta la próxima.

Muerte de un Vampiro:

Muerte de un Vampiro:

El día que cambiaría mi vida por completo estaba totalmente despejado.
No esperaba poder saber que sería en ese momento de mí.
Temía lo que sucedería llevaba temiéndolo demasiado tiempo como para no esperarlo. Por lo que cuando sucedió no me pilló por sorpresa, aunque fue igualmente doloroso.
Sabía que había estado jugando con fuego demasiado tiempo y no temía lo que fuese a pasarme.
Yo me había metido en ese peligroso juego pues fui seducida por la adrenalina y no temía cual sería el fin de ese camino escogido.
Más era algo tan refrescante y tan atrayente; un mundo lleno de vida, maldita pero vida, uno lleno de peligro y persecución, un mundo deseado por mí que llevaba una vida monótona y aburrida.
El sentir en cada parte de mi cuerpo que podía llegar a perder algo importante.
No me importaba nada, solo disfrutar de todas y cada una de esas sensaciones. Sentirlas y poder seguir con ellas sin importar nada ni lo que pasase ni las consecuencias de lo hecho. Veía cada una de esas cosas y era como ver una película, pero al sentir lo que eso me provocaba sabía que era real, que no era nada de mi imaginación, que lo estaba haciendo yo, que lo llevaba a cabo yo. Eso era lo mejor.
Siempre supe desde el primer momento que cada cosa que hacía o decía me llevaría a este final, este momento y lugar.
Lo había visto y no había la menor duda de que eso era lo que había escogido y para ser sincera no me disgustada en nada seguir hasta el final.
Todo había ido demasiado rápido, tal vez eso era lo único malo de todo esto, que no lo había podido alargar tanto como hubiese deseado hacerlo.
No obstante lo había disfrutado, ahora llegaba la hora de esas consecuencias que no me habían importado.
Los veía a todos rodeándome con cuidado, con miedo, calculando hasta el más mínimo detalle.
Yo sabía que pensaban, había barajado una a una todas las posibles salidas, todas las probabilidades de huida y un montón de cosas más.
Aunque ya no me importaban, eran cálculos que después de llevarlos a cabo los habían enterrado en lo más profundo de mi mente.
Una parte de mí, tal vez la más humana deseaba ya terminar, deseaba el final solo pedía una cosa que sabía y estaba segura de que sería imposible un deseo irrealizable, nunca se cumpliría y no me importaba.
Había vivido de forma plena no me arrepentía de nada, había disfrutado, si lo había hecho no por motivos personales. No tenía traumas, no tenía nada en sí que me hubiese llevado a ese camino o a ese final.
La única razón de haber disfrutado con lo que había hecho era por el peligro que encerraba y al que me había expuesto, por lo que había sentido cuando lo hice por primera vez.
Esa sensación de poder, ese pequeño miedo a ser pillada. Y por ello por la sensación. La adrenalina. Por sentirte en peligro pero a la vez plena por todo ello lo había hecho. Había disfrutado en todo momento.
Saber que gracias a mí había vivido alguna gente la vida que yo misma había escogido. Era la que había concedido maldita sí, pero no obstante una salida, una huida para aquellos que temían lo que había después.
Y yo lo descubría después de tanto tiempo, sabría que había detrás de todo.
Siempre había deseado vivir en el extremo de todo y lo había conseguido y lo había disfrutado, ahora era el momento de terminarlo, de acabar esta partida empezada hace tanto tiempo.
Mis ojos se posaron en el fuego de sus antorchas que ya estaba en su mejor y mayor esplendor.
Si lo mirabas fijamente los ojos te dolerían al menos eso era algo que a mí hacía mucho no me sucedía, aunque su calor era algo increíblemente deseado por mí.
Todo mi cuerpo lo deseaba, como si nunca hubiese sentido ese calor que esa llama de diversos colores producía.
A pesar de que sí que la había sentido, más hacía tanto tiempo que la anhelaba, la deseaba y solo esperaba que no doliera a pesar de que sabía que no sería así.
Ese calor dolería y mucho tal vez no tanto como cuando sentí que lo perdía de mi cuerpo. Aunque en aquella ocasión pensé que nunca más regresaría que me había abandonado para siempre. Sabía que sería un dolor fuerte casi insoportable pero era imprescindible que eso fuese así para comenzar a jugar y disfrutar.
Y pensar que ahora lo sentiría una última vez dentro de mí.
Uno de los que me rodeaban ya había acercado su antorcha a mis pies.
Podía huir, correr pues nunca me habrían atrapado pero no quería, tal vez sería que sí que deseaba conocer al fin a esa de la que una vez escape en su momento.
La paja a mis pies comenzaba a arder todos los demás iban soltando también sus antorchas.
Los vi como se alejaban y salían, no me importaba morir así, no me importaba terminarlo todo sola.
El fuego parecía deseoso de tocar mi blanca y fría piel, parecía que anhelaba tanto como yo nuestro encuentro. La paja ardía deprisa yo la envidiaba, veía fijamente el fuego impaciente, deseosa y quieta.
Mis ojos negros y oscuros cogían color a medida que este se acercaba.
De nuevo esa sensación de peligro extremo. Moriría sintiendo esa sensación y aun ahora que el fuego ya acariciaba mi piel ni ahora que sentía como varios cuchillos se empezaban a clavar en mi cuerpo a medida que el fuego rojo e intenso me besaba. Me arrepentía de nada ni de ninguna decisión tomada, no me importaba nada más que, que ese calor llegara a entrar en mí.
No había frío ya había desaparecido y mis ojos se cerraron poco a poco dejando escapar tal vez por primera vez desde hacía muchísimo tiempo unas gotas de mis ojos.
Al fin volvía a sentir calor lo único que había añorado. Al fin todo ese infierno de frío al que me vi expuesta terminaría.
Ese creo fue mi único castigo por disfrutar de todo y ahora al final ese castigo también acabaría al final de terminar de disfrutar ese frío y ese castigo llegarían a su fin.
Calor y dolor todo iba junto y daba igual ya que solo un poco más y finalizaría.
Solo un último adiós una despedida de esta vida una larga y duradera.
20 años con este calor y casi 300 con frío.
Y ahora después de 320 años de vida todo acaba con ese añorado calor.
Fin